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GARECA

  • 9 sept 2019
  • 2 min de lectura

Jorge Carabajal, para nosotros, siempre fue Gareca.

Así lo bautizó alguien, una lejana tarde de fútbol en la cancha grande del Tiro Federal, allí donde nos juntamos sábado a sábado para dar rienda suelta a esa pasión que llevamos bien adentro, prendida en el corazón.

Gareca andaba siempre por el área, como queriendo emular con sus movimientos y definiciones al famoso Tigre que supo jugar en Boca y en River.

Alto. Casi diría, elegante. Sus piernas, extremadamente delgadas y largas, contrastaban con su tórax duro y bien formado. Una vincha roja cruzaba por su frente, sujetando los cabellos canosos, ralos y largos. Una gruesa cadena rodeaba su cuello, y en una de sus muñecas, el infaltable reloj “para controlar el tiempo de juego”.

Y hacía goles, Gareca. Muchas veces increíbles, porque cabeceaba sin saltar y la pelota entraba por el ángulo. O porque la empalaba con un indescifrable movimiento y el balón caía justito detrás del desorientado arquero de turno, y acariciaba la red.

Le gustaba cargar y que lo cargaran. Disfrutaba de esos diálogos picantes, repletos de palabrotas, que terminaban invariablemente en una carcajada colectiva.

“Pibe, ¿adónde aprendiste a jugar? ¿En un metegol?”. “¿Qué tenés, un balde en la cabeza?”. “¿Por qué no te vas a La Posta a tomar algo, y venís cuando termina el partido?” Con frases de este tono, explotaba si no le pasaban la pelota. La respuesta no se hacía esperar cuando él erraba un tanto imposible “¡Gareca, sacate las ojotas para jugar al fútbol!”

“¿Cuántos goles llevás, Maestro?” – le pregunté una tarde. “Mil quinientos”, respondió. “Y eso que no los conté a todos”, agregó con una pícara sonrisa.

¡Cuántas anécdotas! Con la complicidad de mi hermano era el único jugador en el mundo que iniciaba las dos etapas, ante la protesta de los rivales “¿Otra vez vas a sacar vos?” “Y si yo soy el Presidente” – contestaba al toque.

Su repentina y dolorosa partida nos dejó enseñanzas, dentro y fuera de la cancha. Que la vida es muy, pero muy efímera. Que a cierta edad, jugar al fútbol es una bendición. Y que ningún resultado puede ser más importante que la amistad y el respeto en cualquier grupo de amigos.

Jorge Carabajal. ¡Hasta siempre loco lindo! Para nosotros fuiste y serás, eternamente, Gareca.-

Horacio Alberto Vero


 
 
 

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